Sobre el espectáculo
La antropóloga forense sudamericana R. L. es experta en trauma óseo. Trabaja identificando víctimas de desaparición forzada en todo el mundo. Tras décadas desarrollando su práctica en un campo que –para nuestro horror y asombro– solo sigue expandiéndose, R.L. ha querido dirigirse a un grupo de artistas con una petición sencilla pero muy profunda: «He leído los datos que me arrojan los huesos desde la perspectiva de la ciencia y he acabado con cientos de reportes científicos. Quiero saber qué podría emerger si leyéramos los mismos datos con música. Estoy segura de que hay más ahí para ser oído».
Estamos encantadas de haber sido convocadas por R. L. —y quizá también por las personas desaparecidas que la convocan a ella— para intentar hacernos cargo de esta petición. «Los muertos nos llaman para que les recordemos» (Despret). ¿Puede la música convertirse en un «lugar» donde los muertos nos hablen de formas inesperadas?
Esta es una obra poblada de entidades incompletas. Modos de existencia transicionales e indeterminados, que se sitúan en los márgenes de lo perceptible y lo comprobable. Existencias inestables que emergen de la catástrofe de sentido que supone la desaparición forzada.
Un trabajo sobre la necesidad de continuar el diálogo entre los vivos y los muertos, sobre todo en el contexto de políticas de Estado destinadas a la producción masiva de espectros.
Nota de la autora y directora
Esta obra nace de una pregunta que no pertenece del todo al teatro, ni del todo a la ciencia. R. L. ha dedicado gran parte de su vida a escuchar lo que los huesos pueden decir sobre la violencia. En ellos ha leído edades, fracturas, trayectorias, marcas, causas posibles de muerte. Ha escrito informes. Ha producido evidencia. Ha contribuido, una y otra vez, a devolver nombres allí donde un Estado violento intentó producir silencio.
Pero después de años de trabajo en un campo que no deja de crecer, R. L. formula otra pregunta: ¿qué más podría aparecer si esos mismos datos fueran leídos desde la música? ¿Qué formas de presencia, de memoria o de relación podrían abrirse si, además de mirar los huesos como prueba, intentáramos escucharlos?
La obra se sitúa en ese umbral. No busca representar a lxs muertxs, ni hablar por ellxs. Busca más bien atender a las formas en que insisten, convocan, interrumpen. Como sugiere Vinciane Despret, lxs muertxs no desaparecen simplemente: continúan produciendo vínculos, obligaciones, preguntas.
Trabajamos entonces buscando servir de médiums para esas presencias incompletas: restos, ecos, identidades sin cuerpos y cuerpos sin identidad. Con que formas se hace presente lo ausente. La desaparición forzada no solo elimina cuerpos; también daña las condiciones mismas de la percepción, del duelo y del relato.
Esta pieza intenta abrir un lugar para continuar ese diálogo difícil. Porque allí donde el poder quiso producir ausencia, lxs muertxs insisten en producir relación. No vuelven como figuras completas, ni como mensajes claros, sino como fuerzas que nos mueven: nos desvían, nos interrumpen, nos obligan a escuchar de otra manera. Recordar, entonces, no es conservar intacto lo perdido, sino fabricar las condiciones para un nuevo encuentro. Un lugar —quizá musical, quizá espectral— donde lxs muertxs puedan seguir actuando sobre el mundo de lxs vivxs.
Manuela Infante