Sobre el espectáculo
En el despacho de un potente fondo de inversión se discute sobre el futuro de un antiguo edificio que acaban de adquirir en el céntrico barrio de Lavapiés.
Algunos de los reunidos son partidarios de convertirlo en un hotel, otros, en cambio, quieren hacer de esos cuchitriles apartamentos de lujo.
A pesar de los diferentes puntos de vista, todos saben que haga lo que se haga con ese inmueble, el proyecto promete grandes beneficios.
Solo hay un pequeño problema para alcanzar los objetivos económicos que ansían presentar en la próxima Junta de Accionistas, necesitan sacar unas cuantas familias que se aferran a sus viviendas.
Nota del director
Quizá este sea el espectáculo más personal que Club Caníbal ha llevado a escena. Siempre hemos trabajado sobre conflictos que atravesaban nuestras vidas, pero nunca con la violencia cotidiana que nos provoca la crisis de la vivienda.
Analizar sus causas y comprobar la indefensión de buena parte de la clase trabajadora nos ha impresionado (y más aún la naturalidad con la que muchos han asumido su derrota).
La fragilidad social empuja a muchos hacia la salvación individual y la desconfianza hacia sus iguales. Alimentados por un discurso político que tiene su mayor arma en proteger al capital mientras señala al similar como enemigo.
Comprender las motivaciones de cada personaje dentro de esta batalla por la vivienda ha sido uno de los grandes retos del proceso.
Resulta sencillo empatizar con quien defiende su hogar. Más difícil es mirar de frente al individuo o corporación que solo persigue el beneficio. Para quienes los que viven en un edificio son, apenas, obstáculos que deben desaparecer para liberar activos.
Los villanos aparecen en cada rincón de la historia humana. Más difícil es encontrar héroes. O quizás habría que mirar la figura del héroe de otra manera: alguien que simplemente se niega a abandonar su casa.
Chiqui Carabante
Nota de autores
En Club Caníbal creemos que a la gente se la conoce mejor por lo que hace que por lo que dice. Por eso queremos acercarnos a la especulación inmobiliaria no desde el juicio moral, sino desde las relaciones humanas que genera.
Nos interesa observar comportamientos cuestionables sin convertir la función en un sermón. Intentar comprender a personajes que están en las antípodas de nuestras ideas sin suavizarlos tampoco. Porque el villano, cuando se convierte en estereotipo, deja de dar miedo y deja de parecerse a nosotros.
Trabajamos desde la deformación, el humor y la caricatura. Desde lo dicho, lo exagerado, lo falso y lo verdadero. No para absolver o redimir a quienes ejercen el poder, sino para retratar un ecosistema donde incluso los personajes enfrentados se necesitan mutuamente.
Pero no podemos dejar de posar esa mirada crítica también sobre los menos favorecidos en esta batalla. Nos interesa cómo la bondad de unos solo se hace visible frente a la violencia de otros. O cómo los opuestos se definen entre sí. O cómo el ser humano sigue tropezando, siglo tras siglo, con las consecuencias de sus propios actos.
Aplicando la misma mirada a todos los individuos que pueblan la sociedad que nos rodea. La más crítica, la que no nos excluye. Y todo eso a través de la que sentimos como nuestra mejor herramienta: aprender a reírnos de nosotros mismos.
Y todo eso a través de la que sentimos como nuestra mejor herramienta: aprender a reírnos de nosotros mismos.
Club Caníbal