Sobre el espectáculo
La historia se hace igual que se hace un cocido, un vestido o un escenario. Es una práctica. Es una práctica que se hace, por ejemplo, en el teatro, en comunidad, cantando, riendo, dudando, aplaudiendo o abucheando. Y es una práctica que tenemos que inventar una y otra vez (porque a veces nos confiamos y nos creemos que sabemos cómo se hace, pero puede que nunca lo lleguemos a saber realmente).
Club Cariño quiere ser un cabaret que se imagina que la historia se escribe lanzando deseos hacia el futuro. Tal vez nació a principios del siglo XX con las primeras transformistas que revolucionaron los teatros en España. Luego, a lo mejor, siguió creciendo con los tonadilleros mariquitas, los cancioneros, estilistas de la copla. Más tarde, en aquellos años oscuros de los que nos han contado tantas cosas, puede que el club ampliara la familia con los showmans, los andróginos, las travestís y las vedetes trans de las que tan fan era Pilar Franco, la hermana de no sé quién. Y el club continuó creciendo. Y lo que le queda.
Esta memoria no se olvida. Por mucho que lo intenten.
Nota del autor y director
Club Cariño es una búsqueda apasionada y urgente de mi familia elegida. Una familia en la que hay personas del presente y otras del pasado. Esa búsqueda nace a veces de la intuición, otras veces, de las certezas, otras, de las preguntas. Recuerdo escuchar de guaje, en el videoclub de mis tíos, las conversaciones de mi madre con la Paca, sus amores, sus actuaciones como transformista imitadora de Isabel Pantoja en las sidrerías de Mieres y entender con una rara claridad que esa persona formaba parte de mi familia, otra familia. Y también entendí pronto que esa familia había que montarla, mimarla, cuestionarla y que el teatro y las artes escénicas eran los lugares que mi familia habitaba.
Canto copla en mi casa desde pequeño (siempre soñando con que algún cazatalentos de Canal Sur pase por debajo de mi ventana y me diga: «Pero qué bien cantas copla para ser asturiano»). Por casualidad, hace unos cuantos años descubrí una canción que se abrió ante mí como un portal. Esta canción se titula Gitano Colorines y el artista que la grabó por primera vez era Rafael Conde, el Titi. Luego la interpretaron muchos otros. La grabación del Titi es de 1963. Dice:
Porque llevo toas mis prendas de colores
muy cortito y ajustao el pantalon
me critican las mocitas de Triana
y en el barrio yo soy la revolución.
Me señalan con el dedo cuando paso
si mi blusa es amarilla o colorá.
Pero yo de lo que dicen no hago caso
porque visto como quiero y nada más.
(Raga y Valls).
Digo que esta canción se abrió ante mí como un portal porque con ella descubrí otra cara de los años de la dictadura. Una escena riquísima de cantantes con pluma muy famosos que eran conocidos como los cancioneros, los tonadilleros o los estilistas de la copla. Ellos fueron presentándome a sus amigas, a sus familias. Fueron contándome su (otra) historia del teatro. De su mano conocí a las travestis que trabajaron durante el franquismo, a las fans que preservaron su memoria, a las transformistas de los años 20 y 30, a las vedetes trans de los 60, los 70 y los 80: una gran comunidad que cuenta otra historia y que entiendo que forman parte de mi familia.
Anto Rodríguez