Sobre el espectáculo
En un mundo demasiado acostumbrado a la guerra, un periodista musical transmite cada día las difíciles noticias mientras intenta encontrar una historia capaz de cambiarlo todo. Su atención se posa sobre Elpis, una madre decidida que, junto a sus cinco hijos, construye una insólita máquina voladora con restos abandonados y excremento de aves para emprender una misión imposible: llegar hasta el Olimpo y exigirle a la Diosa de la Paz que regrese a la Tierra.
Durante el viaje, Elpis se cruza con Ornis, un desconfiado padre pájaro que, junto a sus crías, también sufre las consecuencias de un mundo hostil. Seguidos y narrados en directo por el periodista, humanos y aves emprenden la aventura aérea.
Al llegar al Olimpo se enfrentan al Burócrata de los Sombreros, custodio de una Paz debilitada, aislada y poseída por el espíritu de la Guerra, que habita secretamente en su interior y habla a través de su cuerpo. Allí descubrirán una verdad inquietante: la paz no desapareció sola, sino que fue olvidada por una humanidad acostumbrada a convivir en la violencia.
Cuando todo parece perdido, las voces de niños y pichones se entremezclan en un canto capaz de liberar a la Paz de ese hechizo. La historia culmina en una gran ceremonia musical, una celebración coral donde todas las voces se encuentran para imaginar, juntos. Cómo una promesa, un deseo y una responsabilidad.
El teatro y la música como propiciadores del encuentro y la construcción colectiva de un mundo.
Nota de autores y directores
A partir de los talleres con los niños, en los que apareció fuertemente el tema de la violencia, la falta de aceptación y la dificultad de entenderse, nos pareció que La Paz como tema universal y cotidiano era un buen vehículo de exploración.
Nos remontamos al mundo griego pensando también que en esta invitación de incluir Nuevos Dramáticos al teatro, el origen popular y festivo de este universo era muy inspirador.
Sentimos la necesidad de compartir la idea de que es una obligación y una necesidad imaginar un mundo diferente. Casi como un acto de valentía. Sentirse involucrado. Y tener fe en que eso es posible. Por eso nos interesó compartir con ellos la complejidad absurda de los discursos burocráticos, la posibilidad de colaborar y entenderse con seres a priori tan lejanos o la posibilidad de poner en palabras sus sueños y necesidades.
Y nos pareció un lindo desafío que fuera la música, el cuerpo y sus voces las que terminan celebrando el encuentro; el del teatro y el de las diferencias. Y contagiarse y compartir esa energía creadora que descubrirán en el escenario.
Imaginar un mundo como un derecho, una responsabilidad y una inmensa alegría.
Lautaro Perotti y Claudio Tolcachir