Sobre el espectáculo
Tras despertar de un coma, Dunia comprueba que algo ha cambiado en su relación con el lenguaje. Puede hablar, pero las palabras salen de su boca caprichosamente y ha dejado de ser dueña de lo que dice. Pronto descubrirá que solo cantando es capaz de expresar lo que de verdad siente.
Por su parte, Dante, un dramaturgo desencantado del teatro, recibe la propuesta de un productor que se define como el último bolchevique: escribir una obra sobre el cosmismo ruso. Este movimiento filosófico de principios del siglo XX sostenía que para lograr una verdadera justicia socialista habría que alcanzar la inmortalidad de los vivos y la resurrección de los muertos. Es exactamente la obra que la humanidad necesita, pero nadie quiere financiarla. Por eso Dante y el productor, para dedicarse a lo que quieren, tendrán que hacer primero algo que no quieren: escribir un musical para un rico empresario argentino empeñado en convertirse en cantante.
Cuando las vidas de Dunia y Dante se cruzan, la neurología, el teatro, las canciones, productores visionarios, médicos excéntricos y otros personajes inquietantes comienzan a relacionarse de formas inesperadas. Desde la perspectiva del universo, nosotros los humanos somos los fugaces. Las historias que confluyen en esta obra hablan de la fragilidad humana, de la necesidad de encontrar una voz propia y de la extraña obstinación con la que algunas personas persiguen lo imposible.
Nota de la autora y directora
En octubre de 2023, cuando estaba terminando de escribir Misericordia, sufrí un infarto cerebral. Aunque mi interés por el cerebro humano y sus misterios venía de lejos, aquella experiencia me llevó a observar desde una nueva perspectiva cuestiones relacionadas con la neurología, el lenguaje y la identidad. Algunas de esas preguntas acabarían encontrando su lugar en Los fugaces.
Misericordia terminaba con Dunia en coma. Los fugaces comienza cuando Dunia despierta. Junto a ella regresan también otros personajes de aquella obra: Delmira, Dante y una versión teatral de mí misma. No me ha interesado escribir una continuación en sentido estricto, sino explorar nuevas preguntas a partir de ellos.
¿Qué ocurre cuando dejamos de ser dueños de nuestras propias palabras? ¿Qué relación existe entre la voz, el pensamiento y la identidad? ¿Hasta qué punto seguimos siendo nosotros mismos cuando algo altera nuestra forma de percibir el mundo?
A esas preguntas pronto se sumaron nuevos intereses que resonaban con ellas: la fascinante historia del cosmismo ruso, las utopías científicas, el deseo de vencer la muerte, la conquista del espacio y las extrañas formas que adopta la ambición humana. Poco a poco, todas esas ideas comenzaron a mezclarse con canciones, productores teatrales, neurólogos, cantantes improbables y personajes empeñados en perseguir lo imposible.
Los fugaces es un musical poco corriente —ya que no obedece a las leyes del género— sobre lo frágiles e impredecibles que somos los seres humanos, pero también sobre lo lejos que podemos llegar.
Denise Despeyroux