Sobre el espectáculo
“El ser humano es una chapuza entre carne y palabra”
Santiago Alba Rico
LEXIKON parte de una pregunta: ¿Qué nos define como humanos? Para responderla, El Conde de Torrefiel parte de una idea esencial: la palabra como flujo vital. El lenguaje, entendido como una corriente subterránea en constante movimiento y transformación, que recorre el cuerpo social y que es un archivo vivo de la complejidad de nuestra esencia y, a la vez, oráculo para el devenir. Como un martillo extiende el brazo, el lenguaje extiende el pensamiento, permitiendo conceptos abstractos como el «ayer», la «justicia» o el «infinito».
El teatro siempre ha sido un lugar para la transmisión de historias e ideas. Un espacio donde reunirse para contar el mundo e imaginarlo. LEXIKON significa “colección de palabras”, y esta pieza se articula como un conjunto de situaciones donde el lenguaje se convierte en campo de batalla para la soberanía de la imaginación en un mundo donde las herramientas de creación (el lenguaje, el arte, la tecnología) están siendo redefinidas por sistemas que aspiran a simplificar la complejidad del mundo en una única narración posible.
LEXIKON se acerca a ese conflicto desde el teatro, a través de un desfile de tableaux vivants, que se ofrecen al público para desplegar las posibilidades de expresión y cargar la escena con esa tensión por la disputa sobre la imaginación en una experiencia sensorial en la intersección entre teatro, coreografía y arte sonoro.
El sueño enfermizo de una editora, un miembro de la RAE hablando a través de una marioneta, una viaje turístico por La Documenta de Kassel, el primer premio de una película experimental en un festival de cine, robots en una feria tecnológica… en cada escena hay una rebelión contra ese poder que intenta ordenar, clasificar o domesticar el lenguaje y en cada escena aparece algo que se le escapa: una extrañeza, una risa, una memoria inesperada, un imprevisto, en definitiva el enigma de ser humano.
Nota de los autores y directores
Para pensar este espectáculo empezamos con una metáfora: la palabra como sangre. Qué mejor lugar que un teatro para hablar de lo que significa ser humano, para hablar de palabras. Desde sus orígenes, el teatro ha sido un centro de transfusión, de transfusión de ideas. Expresarse es una forma de desangrarse y esta sangre en escena habla, clama y atraviesa al público, se mueve hacia él a través de un canal de transfusión, de comunicación.
Finalmente LEXIKON, que literalmente significa colección de palabras, se ha materializado en una colección de historias narradas, que se miran en la esencia del Decamerón, Los cuentos de Canterbury o Las mil y una noches, para poner en valor el enigma y la potencia de la comunicación humana como práctica para invocar el misterio, la sorpresa, la posibilidad. Como escribió Aristóteles: «Es a través de la conversación que los humanos pueden saborear el mundo».
La palabra es un emisario de información que nos atraviesa y nos transporta a lo largo del tiempo de la vida sin ser conscientes de todos los mensajes y enigmas que cargamos. El lenguaje nutre el cuerpo político, riega el mundo con imágenes e ideas y conforma nuestra forma de vivir en él. El discurso escénico de El Conde de Torrefiel se distingue por un temple contradictorio; es el resultado de una colisión donde, como en un accidente, el público es un testigo directo que mira, valora e interpreta qué cuenta la escena. Este es nuestro lexicón. Un vocabulario que se declama, poniendo en conflicto texto e imagen; que acentúa la contradicción de los elementos escénicos, un vocabulario rico en metáforas; que generan un significado propio: una tercera imagen, una experiencia que nace del encuentro de la obra con su público.
El Conde de Torrefiel